domingo, 25 de marzo de 2012

A VUELTAS CON LA HUELGA



Me resulta chocante la exquisitez en las formas que se gastan algunos días en el Parlamento. Esta semana han hablado de la jornada de huelga general convocada para el próximo día 29 en rechazo de la anunciada reforma laboral, y un parlamentario socialista se ha visto a su vez enmendado por su jefe de grupo, al firmar una enmienda en la que se “podía entender” que se apoyaba la huelga y no solo las manifestaciones en esa jornada. -¡Nada de huelgas!- parece decirse, y sigo sin saber si se refiere a los propios parlamentarios o se trata de una consigna general. Si hablamos de los representantes públicos, incluso cargos públicos del gobierno, el hecho de secundar una medida de fuerza, para evitar lo que algunos califican como la mayor agresión a los derechos laborales del último siglo, y ¡mira que ha habido agresiones!, no parece procedente. ¿Por qué? Es obvio que debería comportar la pérdida de sus haberes como cualquier otro trabajador, y no veo el impedimento o perjuicio político que ello conllevaría, aparte del económico como a cualquier huelguista. Algunos entienden que no es correcto desde un partido político apoyar una huelga general, que para eso están los sindicatos, pero sí acudir a manifestaciones de apoyo, suponemos que fuera de horas de trabajo. El PNV y el PP rechazaron la propuesta de apoyo a la huelga, sus razones tendrán; el PSOE-EE se abstuvo y Ezker Anitza-IU se quedó solo. Estos y parecidos sutiles análisis, sin duda fruto de altas consideraciones políticas, nos llevan a esa barrera de falta de entendimiento que cada día parece levantarse entre los ciudadanos y los que debían ser sus representantes. Que el Partido Popular no apoye una medida que rechaza una decisión del Gobierno, es entendible, pero que partidos que se identifican plenamente con el rechazo a la reforma muestren tanta tibieza, por no decir oposición, a que el Parlamento muestre su parecer de apoyo o rechazo a la huelga, no ayuda a la cercanía y confianza que la Institución merece. Pedir la retirada del morlaco sin bajar al ruedo a lidiarlo, desde el cómodo palco de la presidencia, no levantará el entusiasmo de los peones. Digo yo.

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