domingo, 26 de febrero de 2012

PÚBLICO Y LO PÚBLICO



Muchas son las voces que se lamentan de la pérdida de un medio de comunicación. Público – como si la palabra estuviera maldita en los tiempos que corren – cierra su edición en papel y ya veremos lo que tarda en desaparecer del todo. Empezó con bajo precio, - alguno abomina de los periódicos gratuitos exigiendo al personal que pague por la información para tener profesionales dignos – y ahora anuncia su cierre. Todo lo público parece rechazable en esta pendiente continua hacia la privatización por la que nos deslizamos. Cuando la reforma laboral abre las puertas a un despido “asequible” para los empresarios e injusto para los que pierden su modo de subsistencia, la defensa de lo público debería ser objetivo primordial, y sin embargo se devalúa constantemente. La sanidad pública, la educación pública, la función pública adolecen de impulsos regeneradores que la saquen de la decadencia a la que están abocadas. Frente a los que piensan, - pensamos - que es precisamente el sector público el que constituye el más importante nicho de empleo futuro, menudean las ofertas para su progresiva desaparición. El gasto social, base del menoscabado estado de bienestar, sigue recibiendo en nuestro país una parte muy inferior del producto interior bruto que en los países del entorno. La creación de empleo en este área traería estabilidad y capacidad de gasto para relanzar la producción consecuencia del consumo, justo lo contrario de lo que está pasando. El reparto de las rentas no solo es una obligación moral sino el único camino para la mejora de la economía poniendo coto a las desigualdades actuales que dejan sin capacidad de gasto a los asalariados. Las viejas consignas liberales demandando reformas en el mercado de trabajo que eliminen todo tipo de rigideces, lanzadas en el siglo XIX, ahora se nos venden como novedosas. Mayor competitividad igual a salarios más bajos resulta una gran falacia cuando se olvida de otros factores tan importantes como la formación, las condiciones laborales  o simplemente los horarios. El presidente Rajoy pide árnica para suavizar el ajuste del déficit y sus daños colaterales, antes se la negó a Zapatero. 

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