domingo, 9 de marzo de 2008

CARTA AL FUTURO PRESIDENTE (sea quien sea)

Cuando lea esto espero que esté bien de salud y haya ejercitado su derecho al voto aunque, lógicamente, los nervios y la responsabilidad del futuro cargo no le hayan dejado descansar todo lo que sería necesario. Ayer, por fin, pudo tomarse un día de asueto, de reflexión lo llaman, y disfrutar con su familia del merecido descanso después de tan larga campaña. Sobre todo los días de los debates han debido de ser agotadores. Primero la preparación con el grupo de asesores y las recomendaciones de todo tipo que hacen, como si usted no supiese ya cómo hay que mover las manos, situar el cuerpo, mirar a la cámara – para cautivarla suelen decir – saludar y despedirse a ser posible con una sonrisa. Después: las felicitaciones de los suyos, alabando su verbo fácil, su mirada serena y su impasibilidad ante el ataque del contrario. ¿Se acuerda cuántas veces le interrumpió intentando que perdiese el hilo de su discurso? Claro que también usted tuvo que apelar a esas pequeñas artimañas y ¡vaya que si lo hizo!, con total acierto según dijeron sus asesores. La militancia ha estado con usted todo el tiempo: gritos de apoyo, banderas al viento, abrazos, lloros incluso… en fin, lo habitual. Nada que usted no haya ya experimentado en otras ocasiones. Pero sin duda lo más duro de esa campaña fue cuando tuvo conocimiento de que unos asesinos habían quitado la vida a Isaías. No es que no se esperase alguna barbaridad semejante, el ministro ya lo dijo, pero…no se acaba uno de hacer a la idea de que siga habiendo gente que pueda estar de acuerdo con estas cosas. Y mucho menos que las cometa. Pero ya le habrán dicho los del gabinete que la situación de Euskadi seguirá siendo compleja y que la solución habrá que situarla entre las prioridades de la agenda. Bien. Espero que ponga toda su voluntad en ello. Por último quisiera pedirle que no descuide la economía de la que tanto se ha hablado estos días. Apresúrese a realizar las mejoras fiscales y a subir las pensiones como dijo, antes de que la oposición haga valer sus propuestas, que ya sabe como son y al final querrán apuntárselo ellos. Esperando ver pronto las ayudas prometidas que tanta falta hacen, se despide de usted un ciudadano cualquiera. Ah, se me olvidaba, recuerdos a su señora que, de tan discreta siempre, se me pasaba saludarla.

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