domingo, 16 de marzo de 2008

CONCLUSIONES

Pasada la reflexión y la votación, viene el análisis y de éste, otra vez la reflexión y después: la conclusión. Que no es sino la mejora de lo hecho, para enmendar de esa manera los errores cometidos. Este es al menos el esquema mental lógico que cualquiera se debería hacer y más aún las distintas opciones políticas después de unas elecciones generales como las que acabamos de pasar. Desgraciadamente, a tenor de las declaraciones de unos y otros en los medios de comunicación, no siempre se han seguido estos pasos. Algunos, de tan contentos como se encuentran con los resultados les cuesta entender qué cosas se han hecho mal, que siempre hay, y ha tenido que ser el propio Presidente del Gobierno futuro el que lo diga en sus primeras declaraciones y manifieste su propósito de la enmienda. Otros han asumido su fracaso y se han apresurado a dejar paso a otras personas que defiendan mejor sus planteamientos, o que los cambien, aunque su salida del primer plano de la política sea posiblemente una pérdida sensible. Por último hay quien, viendo los resultados que le afectan, piensa que la culpa de todo la tienen los demás. O el sistema. O la Ley. O que los votantes se han equivocado no votando a su magnífica gestión – a sus ojos claro está – produciendo así un castigo inmerecido. Algunos, incluso parece molestarles el hecho de que otros contendientes con menos méritos que ellos, según su criterio, hayan recibido el favor de los votos. Como si de unas oposiciones se tratase reclaman su nota criticando al profesor (votante en este caso) que ha valorado más a fulanito, cuando todos sabemos que ellos son más listos, llevan más tiempo y además representan lo más genuino de las esencias en este caso vascas. ¡Lástima de tan torpe ceguera!. Lo peor de todo es que ese no es el camino hacia la mejora, y lo que no mejora, empeora. Enmendar es de sabios, se suele decir, y es hora de que las decisiones las tomen precisamente esos, los que saben distinguir y no confunden constancia con terquedad ni convicciones con fanatismos.

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