domingo, 23 de septiembre de 2007

PERPLEJOS

La perplejidad va por barrios y si las semanas pasadas era el PSOE-Presidente del Gobierno el que mostraba su perplejidad por la salida – más bien no entrada – de Josu Jon en la liza electoral del EAJ-PNV, esta semana les toca el turno a nuestros ediles más próximos. El sonriente PSE-alcalde a la cabeza, no sale de su asombro al comprobar la morosidad del propio ayuntamiento. Vamos que tenemos “goteras” hasta en el salón de Plenos. No se habían enterado hasta que han empezado los acreedores a reclamar, que ya son ganas de fastidiar. “Todos los días sale algo nuevo” – dice el primer edil – para continuar afirmando que, como en cualquier familia honrada, lo primero es pagar las deudas y luego irse de vacaciones… si es que sobra algo. Pero claro, las vacaciones, en el caso de las administraciones públicas, son las obras imprescindibles para la ciudad. Si no hay inversiones no avanzamos y si no avanzamos retrocedemos, con lo que habrá que sacar los recursos de donde proceda. Para colmo de males el PSE-Teniente Alcalde esta a punto de caer en depresión – al menos esto es lo que el mismo comenta – al ver como los proyectos del Campillo suben de costo – quizás no tanto de valor – según se van concretando y acercando más a la realidad. Hombre, D. Juan Carlos, que usted ya lleva años en “la cosa” como para sorprenderse por estos detalles. Del planeamiento al proyecto hay un trecho, pero de éste al final de la obra suele haber también algún escalón nada irrelevante. La ley obliga a reservar un diez por ciento más para ajustes en la liquidación – lo que se da por gasto casi seguro – sin contar hasta el 20% más para modificados, obras complementarias, permisos, honorarios técnicos y demás zarandajas. Amén de mobiliarios, plantaciones para ornato y disfrute, obras colaterales y algunas otras cosas que siempre surgen. Vamos que no se deprima tan pronto que todavía tiene usted que pilotar la nave del urbanismo vitoriano por el proceloso océano de las obras públicas durante los próximos cuatro años. No vaya usted a caer en la melancolía que como todo el mundo sabe es antesala del pasmo y de éste a la parálisis total solo hay un salto. Pregunte a sus antecesores.

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