domingo, 16 de septiembre de 2007

ECONOMÍA DOMESTICA

Tener un hijo ha pasado de ser una “bendición del cielo” a “una subvención en la tierra”. Gobiernos y ayuntamientos pugnan de un tiempo a esta parte por estar a la cabeza en el ranking de patrocinadores de ayudas para estos fines. De esta manera se cierra el círculo y se puede asegurar que lo que comenzó con satisfacción acaba de igual manera y aquella vieja frase bíblica de “parirás tus hijos con dolor” se complementa con el apóstrofe “y con 4.000 euros que te ofrece tu PSEconcejal Peio”. No está mal. Todo sea por aumentar la tasa demográfica y traer al mundo nueva mano de obra que pague nuestras jubilaciones. No dejarlo solo en mano de los emigrantes, como es el caso en la actualidad, en que parece que la afición de traer hijos al mundo se ha perdido para los nativos, quizás más preocupados en el pago de la hipoteca que en estos otros menesteres. Bienvenida sea esta medida si con ella se logra obtener resultados ciertos de la relación carnal y no se queda como ahora en simples ensayos sin concreción, que aunque sean ciertamente placenteros no resolverán los problemas de la hacienda. Hace tiempo, cuando el marxismo llamaba a la unión de los “proletarios” – es decir los que solo tenían prole – ésta era la única manera de asegurarse los cuidados en la vejez, el sustento cuando no podías trabajar y la asistencia ante la desgracia – que solía ser frecuente -. Ahora todo eso te lo da la llamada sociedad del bienestar. Y claro, habíamos perdido el incentivo y no nos dedicábamos a la procreación con el interés de antes. A grandes males grandes remedios, debieron de pensar nuestros gobernantes, y desde el Lehendakari hasta el concejal pasando por el Presidente del Gobierno, hallaron la fórmula magistral que atajaría el problema: subvencionemos la producción. Incentivemos la creatividad. En poco tiempo habrá que volver a instaurar aquellos hermosos premios a la natalidad en donde aparecía la pareja con veinte o más frutos de su amor alrededor. Claro que ahora podremos considerarlos “rendimientos del inmovilizado”

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