domingo, 10 de febrero de 2008

DICHOS Y HECHOS

Ahora que ya sabemos que las mujeres se catalogan en campanas, cilindros y diávolos y que para camareros no había como aquellos que servían cafés de todo tipo, sin la más mínima duda, en la rancia España tan ansiada por Arias Cañete, enfilamos el último mes antes de la consulta electoral - no confundir con la otra, la “Gran Consulta”, que nos prometió el Lehendakari -. “La perversa Doña Cuaresma, de gesto agrio y estricta conducta” en palabras de Gallardón, sonríe complacida junto a su líder que nos lanza sus ideas sobre la educación necesaria a aplicar a los inmigrantes, - que para eso les dejamos venir, ¡si señor!, para eso y para que cuiden de nuestros ancianos, barran las calles y hagan todo aquello que no queremos hacer - ¡y prohibiremos el velo!, islámico por supuesto, ya que el otro, el que llevan las cientos de sufridas monjas católicas ni tocar, que constituye una clara nota distintiva de nuestra cultura tan integrada en el paisaje como el toro de Osborne que adorna nuestros campos. Pasada la semana de gloria de la Jerarquía Católica le toca ahora a la inmigración como elemento dinamizador - así le llaman los expertos - de la precampaña que precede, como su nombre indica, a la campaña propiamente dicha. De repente salen a los medios todo tipo de dislates, ocurrencias y barbaridades de especimenes de la cosa pública desde los más distantes rincones – verbigracia: Albacete – y nos enteramos de las sutiles insinuaciones: “ tortillas, bollos etc” que diferencian el menú de lesbianas y gays, “platanos, salchichas etc” a los ojos de algunos candidatos del PP, - aunque nos tememos que estas apreciaciones y comentarios no son solo patrimonio de la derecha profunda sino de una parte de la población que no acaba de ver con “naturalidad”, que diría Zapatero con Z de ídem, las distintas opciones sexuales de las que nos ha provisto la madre naturaleza. Por si todo esto no fuera bastante para el asombrado viandante, el Papa nos anuncia que si, que existe el infierno, y además es largo. ¡Qué barbaridad!, y pensar que nos habíamos creído que no existía ni el limbo…

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