se muestran aquí las colaboraciones que desde el año 2004 viene realizando el autor en la contraportada del Diario de Noticias de Álava.
domingo, 18 de noviembre de 2007
EFECTOS COLATERALES
Las ayudas para que los ciudadanos puedan disfrutar de una vivienda digna son incontestablemente necesarias. El mercado, esa eficaz herramienta de distribución tan poco social, así lo exige. Hace años las encuestas nos decían que el ochenta por cien de los demandantes de vivienda no podían con sus ingresos hacer frente a su pago. Eran insolventes. Para superar la situación se pusieron varias medidas en práctica por parte de las Instituciones del Estado, y quizás en el País Vasco la que más trascendencia tuvo fue la llamada Ley Maturana, que venía a decir que una gran parte del suelo debería calificarse precisamente para este tipo de vivienda. Ahora, en Vitoria Gasteiz vemos sus frutos y el PSE concejal de urbanismo nos anuncia que para dentro de poco ya no hará falta hacer sorteos. Todo el que solicite vivienda la tendrá, ya que el número de demandantes es parejo con el de ofertas. Bienvenida sea la noticia pero quizás sea el momento de repasar y valorar los efectos colaterales que se han producido, para sentar las políticas a seguir en el futuro. Un primer fenómeno es que no habiéndose producido una bajada del precio del suelo bruto, la parte correspondiente a la vivienda libre ha tenido que asumir los sobrecostos que no pagaban las protegidas, al estar éstas limitadas en su precio de venta. Así, dos viviendas iguales, una al lado de la otra, la protegida cuesta la mitad que la libre. Esta disminución de precio lleva a aparejada una carga: su precio de venta queda limitado de por vida. No se podrá especular con ella, lo que parece razonable, pero si disfrutar de la misma aunque las circunstancias económicas del adquirente cambien, a mejor naturalmente. El joven aspirante de limitados recursos se convierte en ejecutivo de alto estanding con abundantes ingresos pero sigue disfrutando de las ayudas, cuantiosas, que la sociedad le otorgó, en forma de vivienda. Esto ya no es tan razonable, teniendo en cuenta además, que su vecino, el que pagó por su vivienda el doble, sigue con una hipoteca que le consume la mayoría del sueldo y va a seguir así gran parte de su vida. Ayudar a las piedras es lo que tiene. ¿No sería hora de ayudar a las personas y hacerlo en cada momento de acuerdo con sus circunstancias personales?.
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