domingo, 21 de octubre de 2007

ESCÁNDALO

Alguno se ha sorprendido e incluso escandalizado al oír, al PP europarlamentario Mayor Oreja, decir que durante el franquismo algunos vivían con “extraordinaria placidez”. ¡Pues vaya novedad! Los que conocimos aquellas épocas tenemos la certeza de que así era y de que fueron muchos los que posiblemente disfrutaron de la mejor etapa de su existencia. No deberían ser estas cosas las que nos llevaran a escándalo. La generación de los ´40 cuando llegó a la adolescencia no estuvo marcada por el sufrimiento de los años anteriores. La niñez es siempre feliz y mientras los padres sufrían las penurias del desabastecimiento, los apuros del estraperlo, la escasez de todo lo que más tarde sacralizó la sociedad de consumo, los niños jugaban – jugábamos - alegres por algún descampado de los que entonces había. Fue más tarde, al llegar la adolescencia, cuando algunos caímos en lo que suponía el régimen dictatorial al que estábamos sometidos. Entonces, nos dimos cuenta que se nos estaba negando la capacidad de pensar. La libertad de tener ideas que no fueran las que día a día se nos inculcaba en el colegio, por la radio, en la literatura que podíamos adquirir en las librerías. Estaba prohibido escuchar emisoras extranjeras, ver películas que no estuvieran censuradas hasta el esperpento, reunirte con los amigos para comentar la actualidad siempre enmascarada. Hablar. Nos dimos cuenta que todo era oscuro y triste. Y peligroso. Pero no tanto porque, si pensabas, corrieses el riesgo de acabar en manos de la Brigada Social, que lo corrías, sino por el peligro mucho más grave de acabar “comprendiendo”, “asumiendo” todo aquello como algo natural e incluso lógico. Por “entender” aquel mundo, si no como el mejor, si al menos como inevitable. La mala cabeza de nuestros padres, sojuzgados por las hordas rojas nos había llevado a una situación límite que afortunadamente había podido reconducir el Caudillo. ¡25 años de paz! ¡Qué más se podía pedir! Ahora, cuando de forma un tanto tímida, casi suplicante, se quiere recobrar la memoria de los que no murieron por “Dios y por la Patria” si no por la feroz represión de aquel régimen, nos damos cuenta de que algunos todavía lo recuerdan con “extraordinaria placidez”. Esto si es escandaloso. O triste.

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