domingo, 29 de abril de 2007

¿QUIÉN TIENE QUE PEDIR PERDÓN?

Setenta años atrás los motores de los aviones, que venían cargados de bombas, sobresaltaron a los vecinos de Gernika antes de hacerles llegar su mortífera carga. Muerte y destrucción, como en todas las guerras, aunque quizás aquí hubo un plus de crueldad si cabe, al agregar al hecho en si, el experimento de nuevas formas de ejercitar el mal llamado “arte de la guerra”. Guerra ilegal e injusta, producto de la sublevación de una parte del ejército republicano, que de esa manera imponía el dictado del terror a toda la población de una España que se agitaba convulsa por los cambios que se estaban produciendo con la nueva situación. Las nuevas leyes de la República habían dado la vuelta a muchas de las injusticias sociales que hasta entonces eran habituales en un país empobrecido y dominado por los terratenientes y las clases altas. En los cinco años de democracia se produjeron tres elecciones a Cortes y en todas ellas la participación fue muy elevada – sobre el 70% - alternándose el triunfo de partidos de izquierda y conservadores. Las mujeres pudieron votar y por primera vez una de ellas, Federica Montseny, de la CNT, fue ministra de un gobierno. Las elecciones de 1936, con el triunfo del Frente Popular, pusieron de manifiesto la polarización de la vida política española, dividida claramente entre derechas e izquierdas con programas de gobierno netamente enfrentados. No fueron suficientes los 278 escaños del Frente Popular para hacer desistir a los sectores más reaccionarios de la CEDA, con 88, de sus intenciones de subvertir el orden democrático. Gil Robles unos días antes del golpe, acusaba al gobierno de no frenar la violencia en el país y Calvo Sotelo hacía apología del fascismo animando a los militares a alzarse: “sería un loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse a favor de España y en contra de la anarquía”. Y lo hicieron con las consecuencias conocidas. Muerte, terror y desolación. Cuarenta años. Y ahora permítame una pregunta, Sra. Portavoz del Gobierno Vasco: ¿Qué España tiene que pedir perdón a los vecinos de Gernika por su sufrimiento?

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