domingo, 1 de abril de 2007

CON EL AGUA AL CUELLO

Hemos dejado de mirar el seco suelo del pantano vacío para alzar la vista hacia las amenazadoras nubes que presagian lluvias, nieves y desbordamientos. Siempre se dijo que nunca llueve a gusto de todos pero hay que reconocer que en esta ocasión se están batiendo marcas difícilmente imaginables. Ahora se pasa de la primavera adelantada al invierno retrasado. Será que el tiempo se ha contagiado de la política, y cada nuevo día nos trae novedades impensables, pero sobre todo crea preocupación y desasosiego. Y no lo digo por el hecho de que el Presidente del Gobierno ande un poco despistado en materia de precios – que ya nos han aclarado que eso es lo que cuesta el cafelito en el Congreso – si no por la desazón constante que sufrimos al leer, o ver, los medios de comunicación. A las ya conocidas críticas del Jefe de la Oposición a todo lo que se menea - del Gobierno claro está -, se suman las aventuras de Carod adentrándose en el terreno de la autodeterminación de los pueblos, que ya se sabe que es pantanoso o al menos inestable. El Lehendakari sufre en silencio las consecuencias de su “no silencio” con los innombrables y Patxi López aguarda en capilla su turno. Mientras, aquellos presentan su nueva marca con unos estatutos “totalmente legales” que a las dos horas son tachados de “ilegales” por los que dicen entender. Además Garzón advierte que no se pueden usar las siglas ASB – no confundir con el sistema de frenado - y amenaza con suspender los festejos del BEC que tanto han costado en propaganda de la nueva imagen – recuerda a la campaña de ¡Celebremos el Beaujolai Nouveau! de nuestros vecinos franceses -. Y todo por negarse a condenar lo que todo el mundo, empezando por muchos de los que se niegan a condenar, condena. En ocasiones los eufemismos no valen y hay que nombrar las cosas por su nombre aunque nos raspe. En mayor medida cuando ETA prepara sus comandos, y hay que suponer que no será para reconocer lo “inapropiado” de sus procedimientos al día de hoy, como dijo Arnaldo. En una palabra, que no hay manera de llegar tranquilos al fin de la semana, aunque sea la Semana Santa, que también es casualidad.

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