domingo, 11 de febrero de 2007

LA CONFESIÓN

Con gesto de supremo hastío, de incómodo reconocimiento de lo que todos sabían, y él también, el anterior presidente del Gobierno nos ha desvelado ahora que “no había armas de destrucción masiva” en Irak. Es un alivio que nos lo diga el que tan seguro estaba de lo contrario pero a su vez, precisamente por ello, nos despierta algún recelo ya que “quien miente una vez, lo hace mil” y estás confesiones tardías siempre son sospechosas. Porque efectivamente “ahora” si que hay armas de destrucción masiva. No hay más que ver los informativos para sentir como de una forma masiva, global, aplastante se está destruyendo un país y sus habitantes. La codicia de unos, el deseo de poder de otros y la estulticia de algún acompañante, desató un conflicto armado que no tenía otro posible final que el que se avecina. Occidente saldrá, más antes que después, de la zona devastada pero dejado algún gobierno títere que vele por sus intereses. Y otra vez a empezar. Eso si no aprovechamos el viaje para “pacificar” algún otro país vecino que se atreve a disentir y que por supuesto no está en el club de los elegidos. Al ver como se desarrollan los acontecimientos uno cree estar ante una película que ya ha visto varias veces y de la que no puede cambiar el final aunque este le produzca angustia y desasosiego. Pero tampoco podemos levantarnos de la butaca y abandonar la sala ya que el espectáculo está globalizado, utilizando términos actuales. En una palabra: “aguantad” hermanos que lo bueno esta por venir. No menos angustioso para el espíritu es el drama en varios actos que actualmente representa el mundo de la justicia. Hasta el propio Tribunal Constitucional se tambalea víctima de sus contradicciones y quién ha forzado el procedimiento para conseguir una decisión favorable a sus propósitos, que no coinciden exactamente con los de una mayoría de los ciudadanos catalanes, adelanta por sus voceros mediáticos que otro final, como la renuncia del magistrado, sería fraude. ¿Hasta dónde quieren llegar? ¿Cuánto tiempo ha de pasar para que admitan que las cosas están cambiando?

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