viernes, 24 de noviembre de 2006

ESPAÑA Y LOS OBISPOS

“Los actos humanos son actos morales, porque expresan y deciden la bondad o malicia del hombre mismo que realiza esos actos. Estos no producen sólo un cambio en el estado de cosas externas al hombre, sino que, en cuanto decisiones deliberadas, califican moralmente a la persona misma que los realiza y determinan su profunda fisonomía espiritual” (encíclica Veritatis Splendor 7 l).” En la concepción católica, el acto moral lleva implícito el perfeccionamiento de la persona cuando éste tiende al bien ya que la alternativa, obrar mal, atenta contra su dignidad y la degrada. Todo esto y bastante más dejó escrito Juan Pablo II en la citada encíclica, así que cuando los obispos Rouco y Cañizares declaran ahora que “la unidad de España es un bien moral” tendremos que inferir que este acto es, para los que lo practican, camino de perfección y también de salvación. Y lo contrario es obvio: un atentado contra su dignidad y vía de degradación. En una palabra y para que todos nos entiendan: dicen estos obispos que defender la independencia o separación de una parte del Estado Español no solo es políticamente incorrecto sino moralmente reprobable. Afortunadamente de los 78 prelados que forman la Conferencia Episcopal Española al parecer 15 no estaban de acuerdo con lo pretendido por la pareja y consiguieron que en el texto de esta instrucción pastoral titulada «Orientaciones morales ante la situación actual de España», que a contrarreloj, y a última hora de la tarde del jueves se aprobó, no aparecieran los términos “España” y “bien moral” juntos – que dentro de la muy fina percepción de los obispos debe de ser un logro fundamental aunque al resto de los humanos se nos antoje escaso -. La “unidad de España” puede ser políticamente deseable, económicamente conveniente, socialmente tranquilizador e históricamente discutible – al menos en lo que ahora son sus límites – o todo lo contrario, pero hacer de ello un Bien Moral a los ojos de los católicos recuerda a aquel título de Cruzada Nacional con el que se llamó a una de las más abyectas y sanguinarias etapas de nuestra historia.

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