Días después del “cerco al
Congreso” por los, según fuentes oficiales, “seis mil” indignados por la
actuación política que nos toca soportar (no se ruborizan ante tan flagrante
falsedad, desmentida por la imágenes en vivo y en directo que trasmitían las
redes sociales), algunos se extrañan de que los movimientos secesionistas se
aviven. Basta ver la imagen del Presidente de Gobierno, paseando su figura por
la sexta Avenida de NY, con habano en ristre cuál típico rico de viñeta, para desear
ser de otro planeta. No digo ya de otro Estado, o territorio, no: de otro
universo. Siempre he pensado que los altos cargos tendrían asesores de imagen
capacitados para favorecer la de su protegido, a tenor de los sueldos que
reciben. Que así como, supongo, le indican que se tiña el pelo creyendo que
esto le hará más atractivo, le sugerirían que no fume en público, y menos esos
vegueros que se gasta. Pues bien, o los asesores son unos ineptos o el inepto
es el Presidente que no les atiende. Ahora que la otrora Presidenta de la
Comunidad de Madrid, ha dejado el puesto, podría darle algunas clases de
populismo, en lo que, junto con el golf, es una experta. Su despedida del
puesto, con la lágrima a punto de brotar, era digna de las mejores representaciones
teatrales. Tanto que el sucesor no pudo evitar estallar en emocionado llanto
que complació a la concurrencia (de su partido claro). La política es en gran
parte escenificación y forma. El President Mas, ha buscado el momento y la
forma para tapar su “recortada” gestión con el señuelo del plebiscito, que sin
duda aumentará su representación parlamentaria. Después… Dios dirá. El
Lehendakari Patxi López escenifica la suya, que sin duda tiene más logros que los
que se empeñan sus adversarios en denunciar, en conferencias y reuniones. El
aspirante Urkullu, luce sus mejores galas con el empresariado vizcaíno, sin
ahondar en sus propuestas económicas, siempre atento a esa Izquierda Abertzale,
tan educada, universitaria y complaciente, en la que ya muchos, de Batasuna “de
toda la vida”, no se reconocen y otros empiezan a ver con simpatía. Así son las
cosas.
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